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jueves, 11 de noviembre de 2010

La labor Docente Frente a un mundo cada vez más cambiante.

 Por Laura Acevedo M, Estudiante de Educación General Básica.

La labor Docente y la preocupación por la calidad de la educación nos han llevado a considerar, entre otros factores, el importante papel que desempeña el docente en el proceso educativo. Aunque éste es complejo, la participación del maestro/a tiene un impacto fundamental, de manera que puede superar algunas limitaciones propias del entorno donde tanto los niños, como el establecimiento  se encuentran.
Nuestra tendencia como docentes es a entender a los estudiantes haciendo distinciones generalmente burdas y poco útiles. Tendemos a dividirlos entre los que "tienen talento", es decir los que obedecen y cumplen; y los "no-dotados", es decir los que se resisten a participar y hacernos caso. Identificamos a los que nos responden, hacemos a un lado a los que no, y continuamos viendo al grupo como una masa más o menos homogénea, donde ya no se notan las diferencias de orígenes, contextos, condiciones, estatus social y procesos educativos anteriores.
Pero sigue siendo  necesario reconocer que, hay una gran cantidad de factores que influyen en la labor del docente  y en sus resultados; condiciones del contexto: aspectos socio-económicos, culturales y hasta físico-geográficos.  Y otros que  son particulares de la institución: infraestructura, recursos, clima organizacional, etc. y condiciones propias del Currículo: estructura del plan de estudios, calidad de los programas, sistemas de evaluación, textos, recursos didácticos, etc.
Por esta razón para mejorar la labor docente se debe mantener una actualización básica en esta profesión es necesario dedicar tiempo y hacerlo en diferentes tipos de formación e innovación. Así como lo hace nuestra Universidad, haciendonos participes, nos da la oportunidad de tantear la Educación, con nuestras prácticas desde primer año de Educación Universitaria. Pero más aún, es importante que la formación sea diversificada, para asegurar que se traduce en mejoras en el aula y en el perfeccionamiento docente. Por eso considero que deben plantearse diferentes líneas de formación permanente como: Ayudar y estimular a todo el profesorado para que haga el mejor trabajo posible;
Hacer un reconocimiento económico, moral y público de los buenos profesionales y Orientar la formación permanente hacía la innovación y evolución de la práctica educativa cotidiana.
La gente aún no entiende que el desarrollo de un país está en la educación. Los docentes tienen el futuro de los jóvenes en sus manos, por eso es importante tener las habilidades, actitudes y habilidades para ser un educador. En otras palabras, se necesita la vocación para llegar a ser maestro. Muchas personas les gustará enseñar, ayudar a otros, transmitir conocimientos, pero si no hay una verdadera vocación, chocará con aspectos como la posición social y económica, prestigio y otras creando frustración e insatisfacción.  

viernes, 5 de noviembre de 2010

Maestros con corazón.

     Por Roxana Loyola R, Estudiante de Educación Parvularia.

     De pronto la mente comienza a trabajar y a experimentar una serie de sensaciones y pensamientos que son capaces de modificarte, y manejarte tanto física, como emocionalmente, desde que uno nace (e incluso antes) comienzan a producirse una serie de procesos mentales que permiten establecer que estamos vivos, esta mente que trabaja, que procesa constantemente como una máquina, la gran máquina que es capaz de controlarte y moverte hacia alguna meta u objetivo, lo que me hace pensar, ¿en qué momento llegue hasta acá?¿querer trabajar creando, modelando y modificando pequeñas mentes que irán trabajando y creciendo para ser lanzadas a un mundo que está progresivamente siguiendo su rumbo?

     Hace un par de años tomé la decisión de ingresar al ámbito pedagógico, desde pequeña tuve una rara atracción a la sala de clases, a la pizarra y a los accesorios dentro del aula (orgullosa de alcanzar conocer la tiza). Y como olvidar los juegos con mi prima aquellos que dejaron un inminente recuerdo en mi. Ella LA PROFESORA mandona, y yo la alumna que tenia que acatar las instrucciones sin cuestionar la sabiduría de una maestra. Desde ese momento quise cambiar ese paradigma tan recurrente hasta hace poco tiempo en nuestro sistema escolar y que está presente desde que existe la escolaridad en Chile. La autoría de un maestro es algo que no se podía debatir; es el profesor castigador el que se lleva los aplausos y las felicitaciones porque logró que un niño a través de golpes aprendiera a leer. El asunto es que actualmente eso cambió en 180 grados, de manera que los roles se invirtieron, sin dejar de lado que aún hay profesores que se grabaron en su cerebro la filosofía “la letra con sangre entra”. Volviendo al tema de los roles, en la realidad, en las salas de clases que la gran mayoría de mis colegas han observado con horror (incluyéndome) que ahora son los alumnos los que tienen la autoridad, siendo ellos los que se expresan a través de golpes y rebeldía, es increíble como cada día que pasa existe una nueva oportunidad para ver a un profesor (y a un sistema escolar) que no es capaz de controlar la ira de un niño que no es contenido emocionalmente en su hogar o que dentro de su contexto familiar y social ha tenido que dejar de ser niño.
     
     Conductismo, cognitivismo o constructivismo, no sirve de mucho conocer tanta teoría (sin desmerecerlas, por supuesto) si en el fondo la labor docente no nace desde el corazón. Si existen malos docentes que permiten practicas como el bullying, la no atención a factores emocionales dentro de un aula, o peor aun “olvidar” a un pequeñito en un auto porque tienes la cabeza en otro mundo.
Si apelamos al desarrollo de AULAS QUE PIENSAN se necesita reforzar la labor docente comenzando por enseñar primero con el corazón y después con la mente
 
                                                                                                                                                                                                                                -Roxana L.